Crecí con un jardín de rosas sin darme cuenta de que, en una ciudad como Bogotá, eso era un privilegio inmenso. Siento que parte de mi personalidad tan soñadora y romántica se ha moldeado por esos pequeños detalles con los que crecí: ver florecer algo tan delicado, tan cotidiano, y sentirlo como parte del día a día.

Ahora que me dedico al diseño de moda, uno de mis grandes retos es encontrar la inspiración de mis diseños, el concepto detrás de una colección. A veces aparece primero una tela, otras, un dibujo, una foto o una frase…. Pero siempre busco que sea algo que me recuerde que vestirse también puede ser una forma de romantizar la vida, que hay almas románticas que van a encontrarse con mis diseños.
La inspiración puede venir de algo tan simple —y tan poderoso— como unas rosas.
Las rosas tienen un simbolismo clarísimo, pero también algo profundamente visual: su silueta, la variedad de colores, la suavidad de sus pétalos, sus capas, su aroma. Y al mismo tiempo esa fuerza en el tallo, las espinas, esa pequeña contradicción que las hace perfectas.
Siempre me han llevado mi mente a lugares felices como el jardín de Margarita (de mi abuela), pero también a los jardines ingleses de Orgullo y Prejuicio, a las mesas de té de alicia en el país de las maravillas, a estas historias donde el jardín nunca es solo un paisaje.
Mi última colección nace del jardín de rosas de mi abuela, del jardín de Margarita. Y especialmente las nuevas prendas, el saco y la camiseta (y posiblemente está por llegar una más) que llevan la ilustración del jardín de rosas son un guiño mucho más directo a las rosas con las que crecí. Una forma no solo de guardar ese jardín en la memoria, sino de plasmar ese recuerdo en una prenda.
Creo que eso es, en el fondo, diseñar para mí: volver vestibles los recuerdos.

Es la primera vez que creo una ilustración para una prenda de la marca. Usualmente mis diseños han sido más unicolores, clásicos quizá, con detalles sutiles —como flores en 3D. Esta ilustración es una exploración nueva sobre lo que quiero representar.

Y cuando imagino a alguien usando este saco, pienso en una mujer que llega a casa después de una larga jornada, se viste cómoda, pone I Could Be a Florist de Olivia Dean, se prepara un té y se sienta a leer su libro favorito.
Esa mujer, de alguna manera, también vive en este jardín.